SÁBADO DE GLORIA
En la víspera de la pascua, Independiente reflexionó todos sus pecados, y terminó ganándole a Racing por 1 a 0 para explicar sus 23 razones de porque es el dueño de Avellaneda
Por Maximiliano De Vita Lemus
Independiente vivió su Semana Santa. No traicionó sus valores. Y si bien fue seducido por un juego insulso y vacío en la primera mitad (dónde sólo se cronometró 15 de los 51 minutos en disputa), la historia cambió rotundamente aplicado a un concepto de base que a ésta institución lo ha marcado durante toda su historia: Somos los de Independiente de pierna fuerte y templada.
El color lo pusieron sus hinchas. La ciudad le tocó vestirse de rojo sangre. Se respiró el mismo infierno pese a que el clima abrazó un fresco importante, dejando atrás una ola de calor que azotó a toda la Argentina. La gente llegó temprano. Las puertas de LDA REB abrieron alrededor de las 14 horas, y el ingresó fue ordenado pero con la confianza de que ésta vez se debía romper una racha negativa de no ganarle a su clásico rival en casa.
Desde 2021 que El Rojo no podía gritar de local, aunque en esa oportunidad no lo hizo con su público porque la maldita pandemia por el Coronavirus les privó de esa alegría. Pero si se va más atrás en el tiempo, la última victoria de Independiente ante Racing en su estadio fue el 15 de mayo de 2017, y terminó con victoria de 2 a 0 con goles de Emiliano Rigoni y Maximiliano Meza.
Se vivió un recibimiento histórico para el fútbol argentino. Papeles, serpentinas, humareda y un grito que ni se podía escuchar al de al lado porque era tanta la energía expuesta que se percibía un clima muy especial. El saludo histórico tampoco no podía faltar, la marca registrada de Independiente que lo expone a un club dentro de la línea del respeto sobre el adversario.
Primer tiempo en marcha ¿y qué podemos decir sobre esto? La verdad no mucho. Fue una lágrima de una carta de despedida. Poco se rescató de una promesa incumplida a miles de hinchas del Rojo que hicieron un esfuerzo tremendo para pagar la entrada. De esa fervencia mostrada en la previa a una decepción final, sin escalas y digno de un título para una película: La Gran Estafa.
Pero en el minuto 40 algo cambió. En una jugada que derivó en una mano dentro del área, el árbitro del partido, Leandro Rey Hilfer, acudió al VAR porque lo llamaron para que revisara esta situación. Racing encontró el oro de Lincoln y su oportunidad para romper la mística de Independiente que trató de ubicarse en el partido. No había forma de evitar el penal. La sanción quedó consumada.
Fue entonces cuando Adrián "Maravilla" Martínez agarró la pelota con mucha Fe. Pero esta vez Dios no lo acompañó. En vez de pegarle con rudeza y seguro decidió pincharla por encima del arquero de Independiente, Rodrigo Rey, que inclinó su cuerpo hacia un costado. La pelota se perdió por arriba del travesaño, y El Rojo, resucitó para iniciar otro partido.
Rey se descontroló y hasta lo abrazó al goleador "Académico" pero en cierta forma lo celebró porque entendió que a partir de ese momento se instaló otro partido. Era la oportunidad de sus compañeros para dar un vuelco al clásico.
Los 15 minutos de entretiempo sirvió para que el entrenador de Independiente, Gustavo Quinteros, le mostrara lo poco que produjeron sus muchachos durante la primera mitad. Y tal como lo manifestó en conferencia de prensa a este medio, eso cambió totalmente su visión de lo que debieron hacer en el complemento.
El segundo tiempo tomó fuerza. Se vio otro espíritu porque los dos sabían que tenían una deuda con la gente. El Rojo trató de tranquilizar sus emociones. La Academia apostó a jugarle siempre con los nervios de su rival. Tuvo chances para marcar y chances que fueron muy claras que terminaron en lamentaciones.
El partido llegó al momento donde el que hacía el gol ganaba. Y así fue que a los 81 minutos, cuando parecía que el destino del clásico era un amargo 0 a 0, apareció Santiago Montiel (ganador del premio Puskas al mejor gol del año 2025) quien desbordó sobre la banda derecha, tiró un centro por bajo para que Gabriel Ávalos empujara la pelota hacia la red y así marcar un estruendo importante al LDA REB.
Ese gol le dio 23 razones válidas para que El Clásico de Avellaneda le sea de su agrado. Se liberaron los demonios que tenían adentro, y más se justificó con una avalancha sin precedentes desde los cuatro costados del estadio. Corridas por doquier. Abrazos a desconocidos. Rezos al cielo. Una locura total de emociones, de algo que parecía en el recuerdo, pero sirvió para volver a recordar viejos tiempos en donde Independiente se le acostumbraba ganar a Racing en estos duelos.
El desahogo fue total, y atrás quedaron varios años de angustias y amarguras por no adueñarse del partido más importante para el hincha de Independiente y encima de local. En un Sábado de Gloria y reflexión, El Rojo le ganó a su propia némesis y resucitó para dar un nuevo rumbo en el Torneo Apertura 2026.
¿La victoria del despegue? Sólo el tiempo lo dirá y en La Bombonera ante Boca lo deberá justificar. Pero lo cierto acá es que después de 9 años y con su público vigente, el Orgullo Nacional, los del Rojo que son de fuerte y Templada son los nuevos dueños de Avellaneda por un par meses hasta que se vuelva a jugar este partido, pero en la vereda de enfrente.







